La noche cae… ay… el polvo sube,
la plaza tiembla – ¡oleee! – en el aire se rompe.
Busco… busco la verdad entre gritos,
los ojos del toro… ufff… pesan, callan, acusan.
Entre sombra y luz… yo, el matador,
ay, amante y guerrero soy…
me visto el Traje de Luces,
como armadura de alma – ay, madre mía.
Levanto el capote… y susurro…
hoy no tiemblo… hoy no tiemblo.
No apartes la mirada…
mírame… mírame a los ojos…
ahí están las lágrimas,
el dolor marcado en carne y hueso,
ay… en hueso, hermano.
El público grita – ¡Suerteee! –
como si el mundo entero mirara.
Pero mi corazón… tiembla,
como hoja de otoño en el viento – ay…
Cada paso es plegaria,
volver, volver a ser el niño del parque,
que jugaba en las sombras
y no sabía de sangre… ni de espada.
Perdóname… toro noble,
si mis palabras pesan… como castañuelas rotas.
Hace tiempo dejé mi alma en la balanza,
y convertí tu mundo…
en un baile, ay, de sangre y polvo.
Mi sonrisa se disuelve… como vino viejo,
tu mirada… quema mi pecho – fuego, fuego…
Busco consuelo entre polvo y gritos,
y hasta en el fin del mundo –
sigo siendo toro, ay.
Quizás al amanecer…
la multitud se vaya, mi nombre se borre…
volveré a ser hombre,
no símbolo, no héroe de la plaza – ay, no…
Yo, el matador, con cuerpo y alma,
juro – sí – no romper más la danza de la creación.
Solo quiero volver al corazón…
caminar el sendero sin sangre,
el camino donde el toro… y yo…
respiramos juntos.